Era de noche y hacía frío. Nevaba. Me había desmayado y había caído de la montura, una manta india. En sueños oía voces: alguien me había encontrado. Hablaban en una lengua que me resultaba familiar.
Cuando desperté me llevaron a una gran tienda. Los hombres discutían. Yo permanecía en el centro. De pies. Las mujeres me observaban. Una de las ancianas con especial intensidad. Pasó tiempo. A mí me pareció mucho y caí de rodillas. Uno de los hombres se dirigió hacia mí, muy enfadado. Gritaba agitando la manta de mi montura. Pronuncié "Goyaalé". Todos me miraron al unísono. La mujer mayor se acercó a mí. Repetía una y otra vez el mismo nombre: Goyaalé. Añadía frases que yo no entendía y empezó a llorar. Comprendí que era su madre. Se arrodilló frente a mí y empezó a balancearse entre sollozos. No sabía cómo consolarla, pero necesitaba hacerlo. Goyaalé lo hubiera querido así. Me quité los collares y los amuletos él me había entregado y que llevaba bajo la ropa y los puse entre sus manos. Nos miramos y nos entendimos. Descubrí mi vientre de ocho meses oculto entre capas y capas de tela. Sobre la piel, tersa y tirante, seguían dibujados los símbolos que Goyaalé me había dibujado con pintura roja antes de partir. Una lágrima tras otra caían y rodaban sobre los dibujos. No sé si eran las suyas o las mías. No entendía los símbolos, ni el idioma en el que todos hablaban. Los sonidos se volvían lejanos y confusos. La madre de Goyaalé, la abuela del bebé que llevaba en mis entrañas se volvía una imagen borrosa.
...
La última mañana, mientras ella seguía somnolienta, él cogió la pintura roja e hizo dibujos en su vientre. La víspera, le había señalado la luna y hablado largo y tendido. Como de costumbre, a pesar de que ella no le entendía nada, había escuchado embelesada. ¿Por qué le gustaba tanto si no hablaban el mismo idioma? A veces, era ella la que hablaba sin parar. Él tampoco la comprendía pero le prestaba toda la atención del mundo. Siendo muy felices juntos. Fuera se escuchó ladrar a los perros y agitar de caballos. El la ayudó a vestirse con prisa, le puso al cuello todos sus collares y amuletos y la hizo salir de la tienda a hurtadillas. Le repetió la frase que le había dicho tantas otras veces mientras le ayudaba a subir a su caballo favorito. Besó su vientre y sus manos y se miraron por última vez.
Desde la lejanía, ella oyó disparos y una fina columna de humo negro se abrió paso hacia el cielo gris de un invierno que, de pronto, se anunciaba inhóspito y peligroso. Cabalgó mucho tiempo, más de un día, o quizá dos. El caballo sabía a dónde iba.
Hasta que ella, agotada, cayó de la montura. Era de noche y hacía frío. Nevaba.
El pasado ya no está, el futuro aún no existe, el presente es lo único que tenemos.
jueves, 25 de septiembre de 2014
miércoles, 24 de septiembre de 2014
RUBÉN DE AZKÁRATE. 22/08/08
- Hoy ha sido un gran día, Filippo, me ha ocurrido algo verdaderamente fascinante.
Rubén se sentó en el viejo butacón de cuero de su padre y sacó un Camel de la pitillera de plata. Seguía con la ropa de la calle puesta y sus ojos brillaban con ese fulgor especial. Cada vez que conquistaba a una mujer su mirada verde se volvía tan oscura que sus ojos parecían negros.
Filippo se detuvo frente a él y lo miró desde su pecera. Boqueó.
- Siempre pienso que eres el pez rojo de color amarillo más listo que existe. ¿Quieres que te cuente lo que ha pasado hoy?
Rubén echó la cabeza hacia atrás y se puso el cigarrillo en los labios, le dio una profunda calada y empezó a hablar:
Rubén se sentó en el viejo butacón de cuero de su padre y sacó un Camel de la pitillera de plata. Seguía con la ropa de la calle puesta y sus ojos brillaban con ese fulgor especial. Cada vez que conquistaba a una mujer su mirada verde se volvía tan oscura que sus ojos parecían negros.
Filippo se detuvo frente a él y lo miró desde su pecera. Boqueó.
- Siempre pienso que eres el pez rojo de color amarillo más listo que existe. ¿Quieres que te cuente lo que ha pasado hoy?
Rubén echó la cabeza hacia atrás y se puso el cigarrillo en los labios, le dio una profunda calada y empezó a hablar:
martes, 23 de septiembre de 2014
EVAPORADA
Él la oprimió con fuerza entre sus brazos.
Ella, poco a poco, empezó a humedecerse.
Ella, poco a poco, empezó a humedecerse.
Pequeñas gotitas de agua perlaron su piel y empezaron a multiplicarse hasta convertirse en agua.
En el lecho, sólo la huella de humedad quedaba como evidencia de que ella había estado allí.
En otro lugar, un él distinto dormía solo.
Una nube de vapor se deslizó bajo la puerta de la habitación y se instaló junto a él, que despertó al sentir algo mojado.
Con lentitud, el vapor se convirtió en agua y el agua se materializó en una forma de mujer que quedó seca y dormida entre otros brazos.
viernes, 19 de septiembre de 2014
ALVARO PRIEST
¿Dónde estoy? ¡Qué poca luz hay, apenas veo nada!... ¡Ah, sí! Esa es la mesita del salón, la lámpara, el mueble chino...
¡La fiesta!
Ayer celebré una fiesta para inaugurar mi pisito de soltero...
Joder, qué mal cuerpo tengo, ni me acuerdo de lo que bebí, pero qué mal...
Bueno, es domingo y no tengo prisa...
Ahorita, en cuanto coja algo de fuerzas me levanto y me arrastro hacia la ducha, o mejor a la bañera... calentita...
Creo que no me doy un baño de espuma desde que era pequeño.
¿Y ese cuadro?
No lo había visto hasta ahora.
¿Se lo habrá dejado el anterior inquilino?
Pues le va a dar pena, porque la tía de la foto está tela de buena.
¿O es pintura? No se distingue bien desde aquí, pero a ver quién es el guapo que se levanta.
Estoy molido.
Parece Central Park, de Nueva York. La nena está de espaldas. Lleva un camisón transparente...
¡Jooodeeeerr!
¡Qué pena que no se te ve la cara!
Despiértame dentro de un par de horitas, nena.
...
Me estoy meando.
Tal vez debería levantarme.
Bueno, voy y me vuelvo al sofá.
La compra del siglo, creo que a partir de hora voy a dormir siempre aquí.
Aquí estoy, nena.
Pero, ¿antes no estabas de espaldas?
El perfil te sienta de maravilla, tienes un cuerpo cañón.
Hasta me parece que me miras y todo.
La verdad, nunca nadie me había mirado antes así.
Es como si te conociera.
Perooooo, si hubieras pasado por mi vida, te juro que te hubieras quedado.
No sé que me gusta más, si tu culo, tu teta de perfil o tus ojos.
¿Para qué escoger?
Si fueras mi novia lo disfrutaría todo.
Despiértame luego, preciosa.
Todos los días deberían ser domingo.
...
Mmmmm... cada vez hay más claridad, ya debe ser mediodía...
Tendré que levantarme.
Nena, cuánto más te miro más me gustas, pero tengo que dejarte.
Voy a la ducha.
Creo que de una chica así me podría enamorar. Igual hasta me dejaba engañar para tener un par de críos y todo.
Bueno, Alvaro, ya tienes treinta y cinco tacos, igual deberías pensar en sentar la cabeza.
Igual que sería un puntazo voler a casa del curro y encontrarme con un bombón así...
que me preguntara qué tal he pasado el día y
despúes de cenar y de recoger las cosas juntos, pasar la noche en el sofá viendo una peli antigua, de ésas que sí tienen guión y diálogos buenos...
Me estoy haciendo viejo, nunca había pensado nada parecido.
Me termino de vestir y me voy corriendo a ver a mi chica.
¿De espaldas?
¿No estabas de perfil?
Joder, debo haberlo soñado, pero ya podría soñar lo mismo todas las noches.
Siento como calorcito.
Bueno, la verdad es que de espaldas sigues siendo una maravilla.
¿Y qué es? ¿foto? ¿tela?
No tengo ni idea.
Sigo cansado, creo que lo mejor será que me eche una siestecita rica, aquí, con mi nena, disfrutando las vistas de Central Park.
...
Rinnnngggg, Riiiinnnngggg
- Ya va, ya va... Despertarme a estas horas de la madrugada, hace falta valor.
- ¿Quién es?
- Perdona que te moleste- dijo una voz femenina por el telefonillo- soy la antigua inquilina del piso, ya sé que igual es mala hora, porque son las siete y media de la tarde y estarás ocupado...
- Espera que te abro el portal, sube.
- Gracias.
- ¡joder, pero si eres la chica del cuadro!
- Sí, bueno, yo venía a recogerlo, mañana salgo para Nueva York y quiero llevármelo.
- Ah, sí, claro, pasa.
- Me llamo María, encantada de conocerte.
- Yo, Alvaro. Dime, ¿cuándo vuelves?
FIN
¡La fiesta!
Ayer celebré una fiesta para inaugurar mi pisito de soltero...
Joder, qué mal cuerpo tengo, ni me acuerdo de lo que bebí, pero qué mal...
Bueno, es domingo y no tengo prisa...
Ahorita, en cuanto coja algo de fuerzas me levanto y me arrastro hacia la ducha, o mejor a la bañera... calentita...
Creo que no me doy un baño de espuma desde que era pequeño.
¿Y ese cuadro?
No lo había visto hasta ahora.
¿Se lo habrá dejado el anterior inquilino?
Pues le va a dar pena, porque la tía de la foto está tela de buena.
¿O es pintura? No se distingue bien desde aquí, pero a ver quién es el guapo que se levanta.
Estoy molido.
Parece Central Park, de Nueva York. La nena está de espaldas. Lleva un camisón transparente...
¡Jooodeeeerr!
¡Qué pena que no se te ve la cara!
Despiértame dentro de un par de horitas, nena.
...
Me estoy meando.
Tal vez debería levantarme.
Bueno, voy y me vuelvo al sofá.
La compra del siglo, creo que a partir de hora voy a dormir siempre aquí.
Aquí estoy, nena.
Pero, ¿antes no estabas de espaldas?
El perfil te sienta de maravilla, tienes un cuerpo cañón.
Hasta me parece que me miras y todo.
La verdad, nunca nadie me había mirado antes así.
Es como si te conociera.
Perooooo, si hubieras pasado por mi vida, te juro que te hubieras quedado.
No sé que me gusta más, si tu culo, tu teta de perfil o tus ojos.
¿Para qué escoger?
Si fueras mi novia lo disfrutaría todo.
Despiértame luego, preciosa.
Todos los días deberían ser domingo.
...
Mmmmm... cada vez hay más claridad, ya debe ser mediodía...
Tendré que levantarme.
Nena, cuánto más te miro más me gustas, pero tengo que dejarte.
Voy a la ducha.
Creo que de una chica así me podría enamorar. Igual hasta me dejaba engañar para tener un par de críos y todo.
Bueno, Alvaro, ya tienes treinta y cinco tacos, igual deberías pensar en sentar la cabeza.
Igual que sería un puntazo voler a casa del curro y encontrarme con un bombón así...
que me preguntara qué tal he pasado el día y
despúes de cenar y de recoger las cosas juntos, pasar la noche en el sofá viendo una peli antigua, de ésas que sí tienen guión y diálogos buenos...
Me estoy haciendo viejo, nunca había pensado nada parecido.
Me termino de vestir y me voy corriendo a ver a mi chica.
¿De espaldas?
¿No estabas de perfil?
Joder, debo haberlo soñado, pero ya podría soñar lo mismo todas las noches.
Siento como calorcito.
Bueno, la verdad es que de espaldas sigues siendo una maravilla.
¿Y qué es? ¿foto? ¿tela?
No tengo ni idea.
Sigo cansado, creo que lo mejor será que me eche una siestecita rica, aquí, con mi nena, disfrutando las vistas de Central Park.
...
Rinnnngggg, Riiiinnnngggg
- Ya va, ya va... Despertarme a estas horas de la madrugada, hace falta valor.
- ¿Quién es?
- Perdona que te moleste- dijo una voz femenina por el telefonillo- soy la antigua inquilina del piso, ya sé que igual es mala hora, porque son las siete y media de la tarde y estarás ocupado...
- Espera que te abro el portal, sube.
- Gracias.
- ¡joder, pero si eres la chica del cuadro!
- Sí, bueno, yo venía a recogerlo, mañana salgo para Nueva York y quiero llevármelo.
- Ah, sí, claro, pasa.
- Me llamo María, encantada de conocerte.
- Yo, Alvaro. Dime, ¿cuándo vuelves?
FIN
lunes, 15 de septiembre de 2014
DESDE LAS MONTAÑAS DEL AUSTRAL.. (VERSIÓN ORIGINAL DE "LATIDO")
Pararon el Alfa Romeo en mitad de ningún sitio. Boss se giró y le dio las últimas instrucciones:
- Ya sabes, si quieres ser mi mano derecha, sólo te queda la última prueba: partirle la columna al puto guiri que te encontrarás caminando por el arcén dentro de un par de kilómetros. Lo tiras en la cuneta, para que les cueste encontrarlo y nos llamas al móvil para que vengamos a recogerte. Estamos hasta los cojones de que vengan de fuera a quitarnos nuestro sitio a nosotros, que hemos nacido aquí, esos hijoputas...
- Sí, brother, tú puedes hacerlo.
- Sí, tío, deja seco a ese cabrón. Tú eres uno de los nuestros.
- Estoy orgulloso de ti, tío, va a ser un flipe. Seguro que mañana hasta sales en el Diario de Navarra.
- ¿Tú lo flipas?
- Que sí, tío, que sí, que el viejo de la Jenny salió hasta en la tele cuando mató a su vieja de una paliza.
- Un flipe, chaval, un flipe.
- Nos vemos, tíos.
Todos hicieron la señal, puño derecho al corazón, mano a los huevos y puño al frente. Sonreían. Habían encontrado un lugar común. Un porqué en sus vidas. Pertenecían a un grupo. Si era de gente buena o mala no importaba. Sólo cuenta no estar solo.
Raúl bajó del coche. En medio de gritos y acelerones, ellos arrancaron y desaparecieron. Cruzó la carretera y empezó a caminar. Quería terminar lo antes posible, algo no iba... la sonrisa torcida del Boss... se estaba relamiendo el cabrón.
A lo lejos una sombra se acercaba, de espaldas al sol del atardecer: su pasaporte a ser lugarteniente del Boss. "Pártele la espalda y serás mi mano derecha". Recuerda otra voz, que suena en su interior:
- ¿Qué pasa, chaval? ¿Piensas que sólo porque te han jodido a ti, tienes derecho a ir por ahí, jodiendo a los demás?
Raúl cerró los ojos y escuchó el sonido del latido de su propio corazón.
___________
Raúl y Él estaban sentados en el patio del reformatorio, como tantos otros días. Sólo que esa vez era distinta porque era el último día. Raúl acarició el hormigón y arrancó unas hierbitas antes de decir con voz ronca:
- Te voy a echar de menos. Tú eres la única persona que me ha tratado con respeto.
Él miró el cielo azul. Escuchó la respiración de su amigo. Se miró los brazos curtidos por el trabajo.
- Mañana mismo vuelvo a mi país pero no te voy a olvidar. Te doy mi palabra.
Raúl cogió aire como si estuviera dando una calada a un cigarrillo imaginario y suspiró sin querer hacerlo.
- No sé que voy a hacer sin ti, tío.
Él desplazó su brazo hacia la izquierda hasta notar el contacto de Raúl en su brazo. Sintió su sudor frío. Percibió su miedo.
- Esfuérzate por mantenerte alejado del Boss, de la mala hierba. Busca tierra fértil.
Raúl absorbió el calor, el valor que emanaba del brazo de su amigo.
- No voy a poder, tío, no lo lograré.
- Confía en ti. Y sobrevive.
Una nube cubrió el sol y un viento del oeste barrió el patio, llevándose oscuros pensamientos.
- ¿Hoy no has tenido pesadillas, verdad?
- No. He soñado que mi hermano me sonreía. Y desaparecía.
- Tus pesadillas han terminado, tío.
- Ahora tú eres mi hermano.
__________
Un día de tantos, sentados en el patio, la espalda contra el muro de hormigón, Raúl le preguntó:
- ¿Por qué no le dijiste al juez que tú no habías robado nada? Ni la moto, ni los móviles, ni nada.
- Mi padre no querría vivir si supiera que mi hermano murió sin honor. Teníamos puestas en él todas nuestras esperanzas. El se quedó en nuestro país y vinimos con mi tío. Los dos trabajábamos en la obra para que él pudiera estudiar en el instituto. Hubiera sido un gran médico.
- Pero tu hermano era un imbécil como yo, que sólo pensaba en robar para tener pelas y comprar móviles, ropa de marca, costo... no se merece tu sacrificio.
Ël carraspeó como si quisiera reprimir un rugido.
- Es una cuestión de honor. Yo estoy vivo. Puedo recuperarlo. Mi hermano no puede. Ya no.
- ¿Tu padre te seguirá queriendo cuando salgas de este sitio?
Un brisa levantó una polvareda amarilla, arenosa.
- Si conocieras a mi padre... es como el viento del sur cuando llega desde las montañas. Te envuelve. Te arropa. Te da fuerzas.
- ¡Qué suerte, tío! Mi viejo es un cabrón que me ha tratado siempre como a un perro.
El tiempo se deslizó por los rincones. Los otros jugaban al baloncesto. Gritaban. Reían. Discutían. Se pegaban. Él habló:
- Mi padre siempre me dice que todos somos iguales. Si cierras los ojos, descubre que el color de piel, la raza o la religión no cambian el sonido del latido del corazón. Todos los corazones laten con el mismo ritmo. Todos tenemos corazón.
- ¡Qué suerte tienes, tío!
________
Raúl mira a lo lejos. Por la cuneta de la carretera, en su mismo arcén, alguien se acerca en sentido contrario. De golpe, recuerda:
Estaban en el patio, sentados con las espaldas apoyadas en el muro de hormigón.
- Nunca me has contado qué le pasó a tu hermano.
- En el desayuno me pidió que le hiciera un favor. Le dejaban unos libros para el trabajo de ciencias. Iban a pesar mucho. Necesitaba que alguien condujera la moto. Le dije que sí. Aparecí a las seis. Fuimos al centro comercial. Yo me quedé fuera esperando. Salió corriendo con una mochila en la mano. Perseguido por el dueño de la tienda de móviles. Se montó en la moto. La puse en marcha. Me latía la cabeza. Yo gritaba. Él gritaba. El camión bocinaba. Luego todo era rojo. La mochila. Los móviles. La moto. Mi hermano. Todo roto. Todo rojo. Yo entero, con la cáscara completa. Vacío por dentro. Sólo un sonido. Sólo un latido. Mi latido.
________
La primera vez que Raúl le vio, Ël estaba en el patio, soportando todo el muro con su espalda, como si pudiera sostener el mundo él solo. Se acercó a Él y le escupió las palabras tan bien conocidas, tantas veces oídas, tantas repetidas:
- Ese sitio es mío, cabrón. Levanta y aparta. Estoy hasta los cojones de que vengáis de fuera a quitarnos nuestro sitio a nosotros, que hemos nacido aquí. ¡Hijoputa!
Ël se levantó y Raúl le empujó. Algo pasó. De pronto estaba contra la pared, sin que sus pies tocaran el suelo, con dos garras presionando su cuello, ahogándole.
- ¿Qué pasa, chaval? ¿Piensas que sólo porque te han jodido a ti, tienes derecho a ir por ahí jodiendo a los demás?
Raúl emitía un débil sonido. Se ahogaba. Él lo soltó.
- Siéntate.
Se sentaron. Sin tocarse. Sin hablarse. Cada uno escuchaba el sonido de su propio corazón. En sincronía.
________
Último día de cosecha. Él volvía a casa. Ahora estaban a unos metros. Habían pasado casi diez años pero apenas habían cambiado. Él sonrió a Raúl:
- ¿Qué pasa, chaval? ¿Piensas que sólo porque te han jodido a ti, tienes derecho a ir por ahí jodiendo a los demás?
________
- ¿Y que pasó entonces, abuelo?
El anciano los mira y calla. Les acaricia por turnos la cabeza con esas manos tan curtidas por el trabajo.
- Dinos, abuelo, ¿qué pasó?
- Contestadme a esta pregunta: ¿de qué color es el latido de un corazón?
El más pequeño habla:
- Abuelo, tú sabes que los sonidos no tienen color.
- Los amigos tampoco.
FIN
jueves, 28 de agosto de 2014
Baile de Baby Groot. Los guardianes de la galaxia.
http://www.youtube.com/watch?v=nZR9gggVOLk&feature=youtube_gdata_player
Baby Groot baila cuando nadie le mira.
¿Tú has hecho lo mismo alguna vez?
martes, 11 de febrero de 2014
Amor Negro
Supongo que tú ya lo sabías cuando me mirabas en silencio desde tus ojos negros.
Yo mantenía la mirada, no por retarte, sino por sentirme mimada.
Me mimaba tu mirada.
Me sigue mimando.
Y vuelvo a llorar cada vez que recuerdo que has muerto.
Porque un abuelo nunca debería morirse.
Debería estar prohibido que un abuelo muriera primero.
Deberíamos morirnos todos a la vez.
Así nos ahorraríamos la pena.
Claro, para eso deberíamos nacer todos a un mismo tiempo.
Entonces yo ya no podría ser una niña y tú
un hombre adulto en mi recuerdo.
Tal vez ya no pudieras ser mi abuelo.
Y es porque tú eres él que yo te quiero.
Recuerdo que cuando vino la ambulancia a buscarte
y te llevaron al hospital
nos quedamos todas fuera en la acera,
mirando cómo te ibas allí adentro con la abuela.
No pude despedirme de ti entonces.
Ni tampoco ahora.
No puedo decirte adiós.
Si te digo adiós yo me muero.
Y muerta no podría mirar a mis hijos
como tú me mirabas a mí
desde tus ojos
negros.
No pude despedirme de ti
porque mi madre dijo en el hospital
que las niñas no entren, que no le vean así las niñas.
Pero yo no quería verte.
Yo sólo quería volver a mirar
una vez más
tus ojos
negros.
Sólo
me
quedan
los
recuerdos.
Ya sé que tú me dirás
que sólo existen
de verdad
los recuerdos,
que todo pasa tan rápido
que
el presente
ya es
recuerdo.
Pero es que yo...
te echo de menos...
de más te echo.
Y, a veces pienso que me hablas,
pero no es así.
Sólo son
pensamientos.
Pero disfruto
pensando
que has vuelto para seguirme...
mirando
¿pensando te quiero?
Y es que yo
también te quiero.
Te fuiste.
Y
en la
ausencia
de tu mirada caliente
todo se volvió
frío y distante.
Blanco.
Por eso la nieve es blanca,
porque es fría.
Y la ambulancia.
Y el pasillo del hospital.
Y tu lápida.
Y el carbón
caliente
como tus ojos
negros.
Y he querido morir
mil
veces.
No soporto el mundo cruel, desigual, injusto.
Pero desde tu mirada
aprendí
que había algo
bueno.
La mirada de un abuelo que,
condenado a morir,
sólo quería
como último deseo
seguir viviendo.
Tu deseo te fue concedido,
abuelo.
Sigues vivo en mi mirada y en mis ojos
negros.
Supongo que
tú
ya lo sabías
cuando
me mirabas
en silencio
desde tus ojos
negros.
Yo mantenía la mirada, no por retarte, sino por sentirme mimada.
Me mimaba tu mirada.
Me sigue mimando.
Y vuelvo a llorar cada vez que recuerdo que has muerto.
Porque un abuelo nunca debería morirse.
Debería estar prohibido que un abuelo muriera primero.
Deberíamos morirnos todos a la vez.
Así nos ahorraríamos la pena.
Claro, para eso deberíamos nacer todos a un mismo tiempo.
Entonces yo ya no podría ser una niña y tú
un hombre adulto en mi recuerdo.
Tal vez ya no pudieras ser mi abuelo.
Y es porque tú eres él que yo te quiero.
Recuerdo que cuando vino la ambulancia a buscarte
y te llevaron al hospital
nos quedamos todas fuera en la acera,
mirando cómo te ibas allí adentro con la abuela.
No pude despedirme de ti entonces.
Ni tampoco ahora.
No puedo decirte adiós.
Si te digo adiós yo me muero.
Y muerta no podría mirar a mis hijos
como tú me mirabas a mí
desde tus ojos
negros.
No pude despedirme de ti
porque mi madre dijo en el hospital
que las niñas no entren, que no le vean así las niñas.
Pero yo no quería verte.
Yo sólo quería volver a mirar
una vez más
tus ojos
negros.
Sólo
me
quedan
los
recuerdos.
Ya sé que tú me dirás
que sólo existen
de verdad
los recuerdos,
que todo pasa tan rápido
que
el presente
ya es
recuerdo.
Pero es que yo...
te echo de menos...
de más te echo.
Y, a veces pienso que me hablas,
pero no es así.
Sólo son
pensamientos.
Pero disfruto
pensando
que has vuelto para seguirme...
mirando
¿pensando te quiero?
Y es que yo
también te quiero.
Te fuiste.
Y
en la
ausencia
de tu mirada caliente
todo se volvió
frío y distante.
Blanco.
Por eso la nieve es blanca,
porque es fría.
Y la ambulancia.
Y el pasillo del hospital.
Y tu lápida.
Y el carbón
caliente
como tus ojos
negros.
Y he querido morir
mil
veces.
No soporto el mundo cruel, desigual, injusto.
Pero desde tu mirada
aprendí
que había algo
bueno.
La mirada de un abuelo que,
condenado a morir,
sólo quería
como último deseo
seguir viviendo.
Tu deseo te fue concedido,
abuelo.
Sigues vivo en mi mirada y en mis ojos
negros.
Supongo que
tú
ya lo sabías
cuando
me mirabas
en silencio
desde tus ojos
negros.
lunes, 9 de diciembre de 2013
BRUTUS
Me hubiera gustado tener una madre.
Sentir la tibieza de su cuerpo contra el mío, besando mis mejillas y mi frente al despertar.
Percibir una de sus manos sobre mi pelo, alborotándolo mientras se ríe, y con la otra se sujeta el cabello, del que escapan mechones rebeldes que caen sobre mi rostro.
Su risa, su aroma, me confirman que son suyos los besos, que es ella quien me da la bienvenida a la vida, un día más.
Pronunciando mi nombre, susurrándolo sonriendo.
Me hubiera gustado tener una madre.
Sentir la tibieza de su cuerpo contra el mío, besando mis mejillas y mi frente al despertar.
Percibir una de sus manos sobre mi pelo, alborotándolo mientras se ríe, y con la otra se sujeta el cabello, del que escapan mechones rebeldes que caen sobre mi rostro.
Su risa, su aroma, me confirman que son suyos los besos, que es ella quien me da la bienvenida a la vida, un día más.
Pronunciando mi nombre, susurrándolo sonriendo.
Me hubiera gustado tener una madre.
sábado, 7 de diciembre de 2013
Tetraedro
CARA I.
Aquel verano fue diferente. No regresé a casa. Volví de las vacaciones a mi nuevo apartamento. Mi primer mes de agosto sin ella y sin mis hijos. Los nuestros. Estaba solo. Me había quedado solo. Lo estaba con razón. Yo me lo había buscado. Ella me había perdonado muchas veces. Cada vez que me creía y volvía a saberla mía, sentía poder. Todopoderoso. Monarca de una tiranía con tres súbditos. La palabra perdón ¿qué significa? Sólo es una llave para poder abrir la puerta de una relación. Un día, la puerta no se abrió. En ella ponía respeto y yo... yo no tenía ni tengo esa llave. ¿Cómo pudo cambiar la maldita cerradura?
CARA II,
Tenía doce años. Mamá fue a recogerme a la parada del autobús. Como si no tuviera importancia me preguntó si papá me había dicho algo la noche anterior. Le respondí que sí, que me había dicho que me quería pasara lo que pasara. Hoy sé que su forma de querer es egoísta. Cuando volvimos a casa y vi que me había dejado sus tebeos de colección de Mortadelo y Filemón y un tanque en miniatura, tuve claro que se había ido para siempre. Fui a ver a mamá, que estaba en la cocina y se lo dije.
CARA III
CARA IV.
Fue un verano feliz. El nos había abandonado sin avisar una mañana de junio. Aprovechó que los niños estaban en el colegio y que yo tenía médico. Cuando fui al cajero y vi que se había llevado todo el dinero, no sé... no sé lo que pensé, pero sí recuerdo que sentí vértigo. De golpe intuí todo lo que se me venía encima. Cuando volví a casa... ¡Cómo estaba la casa! Patas arriba, en lugar de un marido, parecía que había pasado un ladrón. Tal vez así había sido. Había pasado por mi vida uno que me había robado años de mi vida, no los mejores, porque bien se encargó él de que no fuera así. No tenía dinero. Sólo a mis hijos y la responsabilidad de salir adelante. Por fin, me tenía también a mí misma. Para mí sola. Para reconstruirme, para dejar de ser esclava, para volver a ser persona. Caminaba por el pasillo de casa y no tenía miedo, así que cambié la cerradura de mi corazón. Ponía respeto, ya no la abría un "perdón".
Aquel verano fue diferente. No regresé a casa. Volví de las vacaciones a mi nuevo apartamento. Mi primer mes de agosto sin ella y sin mis hijos. Los nuestros. Estaba solo. Me había quedado solo. Lo estaba con razón. Yo me lo había buscado. Ella me había perdonado muchas veces. Cada vez que me creía y volvía a saberla mía, sentía poder. Todopoderoso. Monarca de una tiranía con tres súbditos. La palabra perdón ¿qué significa? Sólo es una llave para poder abrir la puerta de una relación. Un día, la puerta no se abrió. En ella ponía respeto y yo... yo no tenía ni tengo esa llave. ¿Cómo pudo cambiar la maldita cerradura?
CARA II,
Tenía doce años. Mamá fue a recogerme a la parada del autobús. Como si no tuviera importancia me preguntó si papá me había dicho algo la noche anterior. Le respondí que sí, que me había dicho que me quería pasara lo que pasara. Hoy sé que su forma de querer es egoísta. Cuando volvimos a casa y vi que me había dejado sus tebeos de colección de Mortadelo y Filemón y un tanque en miniatura, tuve claro que se había ido para siempre. Fui a ver a mamá, que estaba en la cocina y se lo dije.
CARA III
Tenía nueve años. Mamá me dijo que papá se había ido de viaje y me extrañó. Le pregunté si había dicho adiós. Ella dijo que no. Pasaban los días y papá no volvía. Fui a ver a mamá, que estaba en la cocina y pregunté: "¿Cuándo vuelve papá?". Ella contestó: "No va a volver". Yo repliqué: "No te creo". Me cogió de la mano y me fue enseñando la casa, todos los objetos ausentes de papá, en los que yo no había reparado, hasta que llegamos a su habitación y abrió su armario. Estaba vacío. Empecé a llorar. Mi hermano vino y afirmó muy serio: "No sé porqué se lo has contado, te avisé que iba a llorar mucho cuando se enterara".
Fue un verano feliz. El nos había abandonado sin avisar una mañana de junio. Aprovechó que los niños estaban en el colegio y que yo tenía médico. Cuando fui al cajero y vi que se había llevado todo el dinero, no sé... no sé lo que pensé, pero sí recuerdo que sentí vértigo. De golpe intuí todo lo que se me venía encima. Cuando volví a casa... ¡Cómo estaba la casa! Patas arriba, en lugar de un marido, parecía que había pasado un ladrón. Tal vez así había sido. Había pasado por mi vida uno que me había robado años de mi vida, no los mejores, porque bien se encargó él de que no fuera así. No tenía dinero. Sólo a mis hijos y la responsabilidad de salir adelante. Por fin, me tenía también a mí misma. Para mí sola. Para reconstruirme, para dejar de ser esclava, para volver a ser persona. Caminaba por el pasillo de casa y no tenía miedo, así que cambié la cerradura de mi corazón. Ponía respeto, ya no la abría un "perdón".
jueves, 5 de diciembre de 2013
Bordeaux - Saint Jean
Estabas hoy en la estación que luce pintada de azul. Mi vagón se detuvo justo frente a ti. Mochila, camiseta blanca y vaqueros. Llevabas gafas de sol y no supe si me mirabas. Podías haber sido cualquiera, pero nadie es como tú. Hay oportunidades que se presentan una vez en la vida -pensé.
Me levanté, cogí mi bolsa de deporte y bajé al andén justo en el último segundo. Habías desaparecido. Cerré los ojos. Los abrí. Otro tren.
En la ventanilla vi mi reflejo: mochila, camiseta blanca y vaqueros. Llevaba gafas de sol y no supe si alguien me miraba.
La puerta se abrió. Tú bajaste. Nos besamos.
En la estación vestida de azul.
Me levanté, cogí mi bolsa de deporte y bajé al andén justo en el último segundo. Habías desaparecido. Cerré los ojos. Los abrí. Otro tren.
En la ventanilla vi mi reflejo: mochila, camiseta blanca y vaqueros. Llevaba gafas de sol y no supe si alguien me miraba.
La puerta se abrió. Tú bajaste. Nos besamos.
En la estación vestida de azul.
martes, 3 de diciembre de 2013
Emborracharme.
Deseando llegar para contártelo. Apuraremos una copa de vino. Celebrándolo. Que ya soy libre. Que hoy he firmado el divorcio. Te veo en la barra. Estás con otro hombre. Me acerco. Saludas y me dices: "Brinda con nosotros, Juan me ha pedido en matrimonio, y acabo de decirle que sí".
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domingo, 1 de diciembre de 2013
JESÚS
Ayer mamá me dijo que cada día estoy más alto y más guapo. Nos sonreímos. Yo añadí que, además, soy fuerte. Muy fuerte. Riendo, la cogí en brazos y corrí con ella hasta el pozo. Cuando llegué allí, la deposité con todo mi amor en el suelo. Nos miramos a los ojos y sonreímos. Me abrazó con fuerza y susurró: "Pase lo que pase, te quiero. Recuerda este momento siempre" Le hice un guiño. Papá me llamó a voces para que fuera a ayudarle con la madera. Volvimos a casa. Riendo.
Publicado en "Cuentos para sonreír" Editorial Hipálage 2009.
www.hipalage.com
Noche. Silencio. Cojo la túnica, el odre(*) de agua y comida para el camino. Salgo con sigilo al patio. Mis padres están fuera. Sentados en el banco de piedra. La sorpresa me paraliza. Papá se acerca a mí y nos abrazamos. Me inclino para que él pueda besarme la frente. Juntos vamos hacia mamá. Me siento junto a ella. Mirando sus ojos azules, le cojo las manos y se las beso. Veo entereza. Siento su Amor.
- Cuídate, Jesús.
Le sonrío y le hago un guiño.
Después me voy.
Sin mirar atrás.
Amaneciendo.
(*)ODRE. m. Cuero, generalmente de cabra, que, cosido y empegado por todas partes menos por la correspondiente al cuello del animal, sirve para contener líquidos, como agua, vino o aceite.
Publicado en "Cuentos para sonreír" Editorial Hipálage 2009.
www.hipalage.com
viernes, 29 de noviembre de 2013
Sé.
Sé
que se van a perseguir las horas,
las unas detrás de las otras
y yo voy a seguir sin ti.
Aunque no sé hasta cuando,
sé que todo tiene un fin.
Esperanza de volver
a tenerte.
Unos segundos.
Nada más.
Arañando pasión,
al tiempo,
que me resta sin ti.
Contigo
he sumado,
lo que nadie imagina,
lo que nadie sabe,
excepto ...
Sabes que te quiero,
Amor.
En esta ocasión,
no has sido tú.
Lo he dicho yo.
Sé que te quiero,
Amor.
Esta vez,
no me cuestiono:
¿por qué?
Eres un regalo,
por el destino confiado.
Lo acepto como viene.
Ilusionada.
Sé
que se van a perseguir las horas,
las unas detrás de las otras
y yo voy a seguir sin ti.
Aunque no sé hasta cuándo,
sé que todo tiene un fin.
que se van a perseguir las horas,
las unas detrás de las otras
y yo voy a seguir sin ti.
Aunque no sé hasta cuando,
sé que todo tiene un fin.
Esperanza de volver
a tenerte.
Unos segundos.
Nada más.
Arañando pasión,
al tiempo,
que me resta sin ti.
Contigo
he sumado,
lo que nadie imagina,
lo que nadie sabe,
excepto ...
Sabes que te quiero,
Amor.
En esta ocasión,
no has sido tú.
Lo he dicho yo.
Sé que te quiero,
Amor.
Esta vez,
no me cuestiono:
¿por qué?
Eres un regalo,
por el destino confiado.
Lo acepto como viene.
Ilusionada.
Sé
que se van a perseguir las horas,
las unas detrás de las otras
y yo voy a seguir sin ti.
Aunque no sé hasta cuándo,
sé que todo tiene un fin.
jueves, 28 de noviembre de 2013
Zalantza.
Oiartzun, 2009ko urtarrilaren 6a
Ene laztana,
Ez dakit zer egin. Egunero ikusten zaitut. Hitz egiten dugu. Gero, agurra. Eta zirarra mikatz hori.
Gaur ere bai, berriro, ez naiz ausartu. Nire adore. Non dago? Zergatik bakarrik utzi nau momentu horretan. Hain beharrezkoa da niretzat. Eta berriz, zalantza. Beldurra daukat. Beldur hotz eta beltza. Izialdura. Eta okerrena errealitatea da: zu gabe bizi naiz.
Orduak luzeagoak dira. Nire bizkarrean zintzilikatzen dira eta esesten naute. Bitartean, zu. Hitz bat. Begitarte bat. Begirada bat. Isiltasun bat. Nire isiltasuna.
Lehen unea beti. Zure iribarrea. Eta dena aldatu da. Zurekin nago eta amodiozko hitzak ez dira beharrezkoak. Zure presentzia nahikoa da.
Gero, zu bazoaz. Ni geratu naiz. Gure bideak urrundu dira. Eta haiekin nire zalantza agertzen da.
Maite zaitut esaten dut, baina zu ez zaude nirekin, eta bi hitz horiek bakarrik geratzen dira. Ni bezala.
Orain, nirengana etortzen zara, idazten dudan bitartean. Zer egingo dut? Zer?
miércoles, 27 de noviembre de 2013
Infiel. Parte III - El (Javi)
El ruido del tráfico del autopista asciende por el terraplén hasta la gasolinera. En un lugar discreto, donde el coche no molesta, aparcado entre dos camiones, Javi espera a Julián. Tiene la ventanilla bajada y apoya el codo en la puerta mientras fuma nervioso un cigarrillo. Mira el reloj. Son las once y media. Suena su móvil.
- Julián, macho, ¿dónde estás? Habíamos quedado a las nueve de la mañana.
- Lo siento, Javi, una reunión de última hora. Llegaré en treinta minutos. ¿Preparado para pasar un finde espectacular en la sierra con mis amiguitas?
- Sí, pero ¡joder! Otro día avísame antes. La gasolinera está enfrente del súper y acabo de ver salir, primero, a mi mujer, y luego, a la otra. ¡Menuda librada!
- Llego enseguida. Luego me cuentas.
Javi cuelga el móvil y mira por el retrovisor. Le parece ver unas sombras y se gira asustado.
Fin
Fin
- Julián, macho, ¿dónde estás? Habíamos quedado a las nueve de la mañana.
- Lo siento, Javi, una reunión de última hora. Llegaré en treinta minutos. ¿Preparado para pasar un finde espectacular en la sierra con mis amiguitas?
- Sí, pero ¡joder! Otro día avísame antes. La gasolinera está enfrente del súper y acabo de ver salir, primero, a mi mujer, y luego, a la otra. ¡Menuda librada!
- Llego enseguida. Luego me cuentas.
Javi cuelga el móvil y mira por el retrovisor. Le parece ver unas sombras y se gira asustado.
Fin
Fin
lunes, 25 de noviembre de 2013
Infiel. Parte II - La otra (Lucía)
Lucía había decidido ir al súper. De todas formas, tenía que hacer la compra. Javi le había llamado para cancelar su cita para el fin de semana. Ana, su mujer, no se iba al pueblo como estaba previsto.
Ana: su mejor profesora en la universidad. No se merecía por marido un tío así. Ella tampoco un amante así. En ese mismo instante la vio al final del lineal. Del susto la lasaña se le deslizó entre las manos. Como su vida durante estos meses con Javi: resbaladiza, precocinada, al principio con sabor pero luego sin gusto. Carne. Sexo. Sólo eso.
Se agachó a recogerla y cuando se incorporó, Ana ya no estaba. Javi haciendo y deshaciendo a su antojo. Hasta hoy.
Sacó el móvil y llamó a su mejor amiga:
- Sole, soy Lucía, perdona que lleve cuatro meses sin llamarte. ¿Me perdonas?
Ana: su mejor profesora en la universidad. No se merecía por marido un tío así. Ella tampoco un amante así. En ese mismo instante la vio al final del lineal. Del susto la lasaña se le deslizó entre las manos. Como su vida durante estos meses con Javi: resbaladiza, precocinada, al principio con sabor pero luego sin gusto. Carne. Sexo. Sólo eso.
Se agachó a recogerla y cuando se incorporó, Ana ya no estaba. Javi haciendo y deshaciendo a su antojo. Hasta hoy.
Sacó el móvil y llamó a su mejor amiga:
- Sole, soy Lucía, perdona que lleve cuatro meses sin llamarte. ¿Me perdonas?
sábado, 23 de noviembre de 2013
Infiel Parte I - Ella (Ana)
Ana sabía que Javi le era infiel con Lucía, su mejor alumna. No era la primera vez. Sí la
última. Ella le había dicho que se iba en el primer autobús del viernes al pueblo, a ver a su madre. Empezaría su libertad comiendo a solas todas esas cosas que él le prohibía siempre.
Bajó el parasol del coche y observó en el espejito su peinado de vieja profesora de universidad. El color negro le tapaba las canas pero endurecía sus facciones. No era la más bella del reino. Entró en el súper.
Al pasar junto al pasillo de precocinados oyó un ruido seco y miró. Reconoció al instante la melena rubia, brillante y sedosa de Lucía, agachándose a recoger algo. Prosiguió su camino hasta la sección de lácteos y se detuvo. Respiró hondo. Un fluorescente se fundió. Lo supo. Su matrimonio había terminado. Para siempre.
última. Ella le había dicho que se iba en el primer autobús del viernes al pueblo, a ver a su madre. Empezaría su libertad comiendo a solas todas esas cosas que él le prohibía siempre.
Bajó el parasol del coche y observó en el espejito su peinado de vieja profesora de universidad. El color negro le tapaba las canas pero endurecía sus facciones. No era la más bella del reino. Entró en el súper.
Al pasar junto al pasillo de precocinados oyó un ruido seco y miró. Reconoció al instante la melena rubia, brillante y sedosa de Lucía, agachándose a recoger algo. Prosiguió su camino hasta la sección de lácteos y se detuvo. Respiró hondo. Un fluorescente se fundió. Lo supo. Su matrimonio había terminado. Para siempre.
martes, 19 de noviembre de 2013
Curro Jiménez
SEC. 1. PARQUE. EXTERIOR. DÍA.
MANOLO está con el chándal en la entrada del parque. Pulsa el start de su cronómetro: cuarenta y cinco minutos de ejercicio por delante.
El asfalto rojizo del bidegorri que serpentea entre los jardines le espera desierto. Se escuchan las siete campanadas de la iglesia, cuya torre se divisa desde su posición.
Un profunda respiración y empieza la carrera. Toda va bien. Algún pato sale de la caseta y empieza a nadar en el estanque. Los pájaros se persiguen aquí y allí. El sol empieza a ascender. Hoy hará buen tiempo.
Llegando al recodo del camino, junto a los árboles, en el cambio de rasante, choca de forma brusca e inesperada con otro hombre vestido de traje, que sin decir, nada, se pone a correr en dirección contraria.
Manolo lo mira alejarse estupefacto mientras se detiene. Se lleva la mano al bolsillo.
MANOLO
(hablando para sí mismo en voz alta)
El "joputa" me ha robado la cartera.
Manolo empieza a perseguir al hombre corriendo. Le da alcance y lo golpea en la espalda tirándolo al suelo.
MANOLO
(gritando fuera de sí, la cara roja y
salpicando babas)
¡Dame la cartera!
SEC. 2. COMISARIA DE POLICIA. INT. DIA.
Dentro de la comisaría, atendido por un funcionario sin afeitar con aspecto de haber trabajado todo el turno de noche y seguir tramitando denuncias, porque no ha llegado su relevo.
FUNCIONARIO
(con desgana evidente)
Le voy a leer el parte del atestado
para que me diga si está conforme.
SEÑOR DEL TRAJE
(nervioso, sentado en el borde la
silla, sudoroso y temblando)
Dígame, señor agente.
FUNCIONARIO
(con voz monocorde)
Que al ir a coger su coche en la
calle Centenario, junto al Parque
de María Fernanda, se le han caído
las llaves de su vehículo al suelo,
yendo a parar a la arqueta que
lleva a las alcantarillas.
SEÑOR DEL TRAJE
Eso es.
FUNCIONARIO
(con "jeta" de pasar el señor)
Que no pudiendo coger las llaves y
teniendo una reunión urgente a las
cero siete horas treinta de la
mañana de hoy, ha decidido ir a sus
oficinas atravesando el parque
corriendo para atajar.
SEÑOR DEL TRAJE
(asintiendo con la cabeza)
Perfecto, eso es.
FUNCIONARIO
(reprimiendo un bostezo)
Que un gitano con patillas y bigote
se ha chocado con usted en el recodo
final del parque.
SEÑOR DEL TRAJE
Sí, sí, sí.
FUNCIONARIO
Que le ha perseguido, le ha
golpeado en la espalda y le ha
amenazado para que le entregara
la cartera.
SEÑOR DEL TRAJE
(casi susurrando)
Creo que llevaba una navaja, pero
no he podido verla bien. Eso sí,
su cara no se me olvida: ese bigote,
esas patillas a lo Curro Jiménez.
FUNCIONARIO
(sigue leyendo sin mirarle)
Que se le ha entregado la cartera
y a continuación ha venido a
comisaría a poner la denuncia.
SEÑOR DEL TRAJE
(más tranquilo)
Efectivamente.
FUNCIONARIO
(mirándole con cara de vaca
viendo pasar un tren y con voz
monocorde)
Ahora le imprimo la denuncia para
que pueda usted firmarla por
duplicado y llevarse una copia.
Si no le importa, como veo que
entra Manolo, mi compañero, será
él quien se encargue de hacer
este trámite final.
El señor del traje mira hacia la puerta y ve entrar a Manolo, vestido de policía, con ese bigote y esas patillas a los Curro Jimenez.
FIN.
MANOLO está con el chándal en la entrada del parque. Pulsa el start de su cronómetro: cuarenta y cinco minutos de ejercicio por delante.
El asfalto rojizo del bidegorri que serpentea entre los jardines le espera desierto. Se escuchan las siete campanadas de la iglesia, cuya torre se divisa desde su posición.
Un profunda respiración y empieza la carrera. Toda va bien. Algún pato sale de la caseta y empieza a nadar en el estanque. Los pájaros se persiguen aquí y allí. El sol empieza a ascender. Hoy hará buen tiempo.
Llegando al recodo del camino, junto a los árboles, en el cambio de rasante, choca de forma brusca e inesperada con otro hombre vestido de traje, que sin decir, nada, se pone a correr en dirección contraria.
Manolo lo mira alejarse estupefacto mientras se detiene. Se lleva la mano al bolsillo.
MANOLO
(hablando para sí mismo en voz alta)
El "joputa" me ha robado la cartera.
Manolo empieza a perseguir al hombre corriendo. Le da alcance y lo golpea en la espalda tirándolo al suelo.
MANOLO
(gritando fuera de sí, la cara roja y
salpicando babas)
¡Dame la cartera!
SEC. 2. COMISARIA DE POLICIA. INT. DIA.
Dentro de la comisaría, atendido por un funcionario sin afeitar con aspecto de haber trabajado todo el turno de noche y seguir tramitando denuncias, porque no ha llegado su relevo.
FUNCIONARIO
(con desgana evidente)
Le voy a leer el parte del atestado
para que me diga si está conforme.
SEÑOR DEL TRAJE
(nervioso, sentado en el borde la
silla, sudoroso y temblando)
Dígame, señor agente.
FUNCIONARIO
(con voz monocorde)
Que al ir a coger su coche en la
calle Centenario, junto al Parque
de María Fernanda, se le han caído
las llaves de su vehículo al suelo,
yendo a parar a la arqueta que
lleva a las alcantarillas.
SEÑOR DEL TRAJE
Eso es.
FUNCIONARIO
(con "jeta" de pasar el señor)
Que no pudiendo coger las llaves y
teniendo una reunión urgente a las
cero siete horas treinta de la
mañana de hoy, ha decidido ir a sus
oficinas atravesando el parque
corriendo para atajar.
SEÑOR DEL TRAJE
(asintiendo con la cabeza)
Perfecto, eso es.
FUNCIONARIO
(reprimiendo un bostezo)
Que un gitano con patillas y bigote
se ha chocado con usted en el recodo
final del parque.
SEÑOR DEL TRAJE
Sí, sí, sí.
FUNCIONARIO
Que le ha perseguido, le ha
golpeado en la espalda y le ha
amenazado para que le entregara
la cartera.
SEÑOR DEL TRAJE
(casi susurrando)
Creo que llevaba una navaja, pero
no he podido verla bien. Eso sí,
su cara no se me olvida: ese bigote,
esas patillas a lo Curro Jiménez.
FUNCIONARIO
(sigue leyendo sin mirarle)
Que se le ha entregado la cartera
y a continuación ha venido a
comisaría a poner la denuncia.
SEÑOR DEL TRAJE
(más tranquilo)
Efectivamente.
FUNCIONARIO
(mirándole con cara de vaca
viendo pasar un tren y con voz
monocorde)
Ahora le imprimo la denuncia para
que pueda usted firmarla por
duplicado y llevarse una copia.
Si no le importa, como veo que
entra Manolo, mi compañero, será
él quien se encargue de hacer
este trámite final.
El señor del traje mira hacia la puerta y ve entrar a Manolo, vestido de policía, con ese bigote y esas patillas a los Curro Jimenez.
FIN.
domingo, 17 de noviembre de 2013
Cristal
Sentado en la terraza
justo frente a mí.
Cuando tú me miras,
yo no te miro.
Y viceversa.
El cristal
que nos separa,
nos une
en nuestros reflejos.
Mientras,
tú bebes tu café.
Yo bebo el mío.
Saboreándolo,
caliente.
El cristal que nos separa,
nos une en nuestros reflejos.
Y viceversa.
Cuando yo te miro,
tú no me miras.
Sentada en la cafetería,
justo frente a ti.
viernes, 15 de noviembre de 2013
Egunsentian.
Regresé a Euskalherria después de muchos años. Transcurrido ese tiempo, el aitona (abuelo) era ya el único que me seguía esperando.
Llegué sin avisar. Le vi de lejos, junto a la cerca. La misma que pusimos juntos para delimitar los contornos de nuestro terreno. Lagun (Amigo) ladró y él se giró.
Supe por su sonrisa que me había reconocido al instante. A pesar de la barba, de la ropa y de las estaciones vividas separados.
Supo por mis lágrimas, las que brotaban sin quererlo, que volvía para pedirle perdón.
Me abrazó mientras yo murmuraba:
Barkatu, aitona. (Perdón, abuelo).
El susurró tarareando:
Baina, honela, ez zen gehiago txoria izango.
Eta nik txoria nuen maite,
eta nik txoria nuen maite.
(Pero, de este modo, ya no sería un pájaro.
Y yo amaba el pájaro,
yo amaba el pájaro).
Llegué sin avisar. Le vi de lejos, junto a la cerca. La misma que pusimos juntos para delimitar los contornos de nuestro terreno. Lagun (Amigo) ladró y él se giró.
Supe por su sonrisa que me había reconocido al instante. A pesar de la barba, de la ropa y de las estaciones vividas separados.
Supo por mis lágrimas, las que brotaban sin quererlo, que volvía para pedirle perdón.
Me abrazó mientras yo murmuraba:
Barkatu, aitona. (Perdón, abuelo).
El susurró tarareando:
Baina, honela, ez zen gehiago txoria izango.
Eta nik txoria nuen maite,
eta nik txoria nuen maite.
(Pero, de este modo, ya no sería un pájaro.
Y yo amaba el pájaro,
yo amaba el pájaro).
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