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viernes, 13 de mayo de 2016

SERVIR PARA ALGO (Parte1)

Nada más pisar el andén lo vio.
Por suerte, estaba casi al borde, pisando la mismísima raya que prevenía del riesgo de aproximarse tanto a las vías.

Un pitido le avisó de la inminente llegada del tren, así que se acercó.

Haber sido payaso de circo, por fin, le iba a servir para algo.

viernes, 11 de marzo de 2016

Desayuno

-¡Sandra, se te va a enfriar el desayuno!

     Lola comprimió con violencia la botella de leche y le puso el tapón a rosca para evitar que volviera a entrar el aire y se hinchara de nuevo. La que sí se estaba hinchando, pero de furia, era ella. Tiró el envase al cubo amarillo que tenía bajo el fregadero y se agarró a la encimera, concentrándose en respirar. Tenía que calmarse o acabaría yendo a por Sandra y trayéndola a la cocina agarrada por los pelos. Se imaginó la escena y no pudo evitar sonreír. La sorpresa de la niña iba a ser morrocotuda, porque jamás había tenido un solo gesto de violencia con ella. Respiró. Notaba cómo la tensión le estiraba los nervios y hacía que un hormigueo picante le recorriera todo el cuerpo.

- ¿Decías algo, mamá?

     Sandra estaba somnolienta junto a la puerta de la cocina, descalza y despeinada, con los labios, con esos mismos labios de bebé que había observado tantas, tantísimas veces a lo largo de los últimos once años, con esos mofletes que había besado tantas y tantas más...

- Si la leche está fría, te la vuelvo a calentar, cariño.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Infiel Parte I - Ella (Ana)

   Ana sabía que Javi le era infiel con Lucía, su mejor alumna. No era la primera vez. Sí la 
última. Ella le había dicho que se iba en el primer autobús del viernes al pueblo, a ver a su madre. Empezaría su libertad comiendo a solas todas esas cosas que él le prohibía siempre.
Bajó el parasol del coche y observó en el espejito su peinado de vieja profesora de universidad. El color negro le tapaba las canas pero endurecía sus facciones. No era la más bella del reino. Entró en el súper.

   Al pasar junto al pasillo de precocinados oyó un ruido seco y miró. Reconoció al instante la melena rubia, brillante y sedosa de Lucía, agachándose a recoger algo. Prosiguió su camino hasta la sección de lácteos y se detuvo. Respiró hondo. Un fluorescente se fundió. Lo supo. Su matrimonio había terminado. Para siempre.