viernes, 22 de abril de 2016

Dedicado a un mentiroso...

Allá donde estés
estará mi mano
tendida hacia ti
esperando.

Tú decidirás 
si la estrechas
o la apartas,
tuya es la decisión,
mía es la de ofrecerme,
como siempre,
ajena a tu sentimiento, 
inasequible al desaliento,
porque yo llevo mi timón,
y el tuyo 
lo perdiste,
en el naufragio
de la tormenta que provocaste,
consecuencia de tu propia afrenta.

Mientes,
mentir es de infames,
rencorosos y cobardes.
Mentir no consuela, 
aísla
y así estás, 
solo,
acompañado por tu verdad,
ésa que no se aguanta
cuando llegan las acciones
que te delatan.

Me pusiste una trampa
la esquivé,
al perseguirme
tú caiste en ella.

Dices que todo es culpa mía.

Sí, 
lo es 
por apartarme 
y no caer,
por contemplar 
como tu impulso te empujaba
más al fondo
cada vez 
y te arruinaba.

Es triste
pero está claro,
eres mal padre
y peor trampero
y tu maldición es
que yo ya no te quiero.

Allá donde estés
estará mi mano
tendida hacia ti 
esperando.

Tú ya no decidirás 
si la estrechas
o la apartas
porque estoy aguardando el momento, 
de quitarla(*) yo primero.

(*)quitter: abandonar


domingo, 13 de marzo de 2016

Regate

    Aitor metió la ropa de deporte en la mochila con la idea de salir de casa lo antes posible. Quería tomarse un café en el bar antes de entrar al curro. Al fin y al cabo, Elena criticaba cómo hacía él las cosas y sola se las apañaba muy bien. 

     Elena escuchó el silencio y entendió que Aitor pensaba escaquearse una vez más.

     Kike, Ana y Juan estaban terminando su desayuno en la cocina y ella estaba de pies, esperando con una bayeta húmeda para limpiarles la cara. En la entrada, las tres mochilas con sus almuerzos les aguardaban y en su bolso, el volante para recoger los resultados de la biopsia antes de ir al trabajo. Tenía miedo. No sacaba fuerzas para hablarlo con nadie. Ayer se lo había querido contar a Aitor durante la cena, pero él no le había dado opción. El fútbol era siempre lo primero y como los domingos él bañaba a los niños mientras ella planchaba y organizaba la casa para la semana, no había encontrado el momento.

- ¡Dios mío, pero si todo lo hago yo! que va a pasar si algún día falto - pensó.

     Escuchó la voz de Aitor gritando desde la puerta:

- ¡Me voy, cariño! Tengo reunión a primera hora, se me olvidó decirte ayer, lleva tú a los niños.
 
 - Aitor, quédate.

     Pero no se quedó.

viernes, 11 de marzo de 2016

Desayuno

-¡Sandra, se te va a enfriar el desayuno!

     Lola comprimió con violencia la botella de leche y le puso el tapón a rosca para evitar que volviera a entrar el aire y se hinchara de nuevo. La que sí se estaba hinchando, pero de furia, era ella. Tiró el envase al cubo amarillo que tenía bajo el fregadero y se agarró a la encimera, concentrándose en respirar. Tenía que calmarse o acabaría yendo a por Sandra y trayéndola a la cocina agarrada por los pelos. Se imaginó la escena y no pudo evitar sonreír. La sorpresa de la niña iba a ser morrocotuda, porque jamás había tenido un solo gesto de violencia con ella. Respiró. Notaba cómo la tensión le estiraba los nervios y hacía que un hormigueo picante le recorriera todo el cuerpo.

- ¿Decías algo, mamá?

     Sandra estaba somnolienta junto a la puerta de la cocina, descalza y despeinada, con los labios, con esos mismos labios de bebé que había observado tantas, tantísimas veces a lo largo de los últimos once años, con esos mofletes que había besado tantas y tantas más...

- Si la leche está fría, te la vuelvo a calentar, cariño.

miércoles, 9 de marzo de 2016

LA CABINA

Abro los ojos y sigo en la cabina. La luz interior blanca y verdosa refleja mi imagen en los cristales sucios. Enfrente. A mi derecha. A mi izquierda. Y están tan sucios. Yo mismo estoy sudado y desencajado. Veo en mi rostro el dibujo de mi propia calavera observándome. Sárdonica y curiosa. No sé quien soy. ¿Quién era ayer? Antes de entrar en la cabina. Antes de que nadie consiguiera rescatarme. Antes de que ellos me trajeran aquí.

Lo entiendo de golpe. Alguien lo dijo. La llave del reino de los cielos está dentro de cada uno de nosotros. Cierro los ojos y sigo en la cabina. Sé que dentro o fuera da igual. Está claro: soy libre. Hoy sé quién soy.

Oigo una voz.

- Levántate y anda, mi Amor, o llegarás tarde al trabajo.

Todo ha sido un sueño.

Pero yo he despertado en libertad.

Para siempre.

viernes, 4 de marzo de 2016

Tú escoges tus propias batallas y decides qué guerra quieres ganar.

La vida nunca debería resumirse en la lamentación de lo que pudo ser y no fue o
de lo que nunca debió ser y sí fue.


La vida debe ser una experiencia intensa que se resuma en poder volver la vista atrás y
sentir y saber que todo estuvo bien.


Pero conseguirlo es tarea complicada que requiere habilidad.


Y sobre esto, debemos hablar largo y tendido.





lunes, 14 de diciembre de 2015

AITONA

Urte asko pasa ondoren Euskal Herrira bueltatu naz. Denbora asko pasata, nire aitona itxoiten ari zitzaidan bakarra zen.  Abixatu gabe iritsi nintzen. Urrutitik ikusi nuen, hesiaren ondoan, elkarrekin jarritakoa, gure landaren mugak zehazteko. "Lagun"ek zaunka egin eta berak buelta eman zuen. Bere irrifarrarengatik ohartarazi nintzen ni ezagutu nindudala. Nahiz eta ... 

Erortzen ari zitzaizkidan malkoengatik, barkamena eskatzera etorri nintzala jakin zuen.

Besarkatzen ari zidan bitartean, esan nuen: Barkatu, aitona.

Berak xuxuratu zidan abesten: 
 

Baina, honela, ez zen gehiago txoria izango.
Eta nik txoria nuen maite,
eta nik txoria nuen maite


martes, 7 de julio de 2015

YELLOW


Recuerda que todo pasa y
se convierte
en recuerdo,
que para algunas cosas,
no existe el consuelo...

sino vivir con duelo.

Y sí,
se puede vivir
así.

Sintiendo la amargura
que fue
amar con locura.

Sintiendo el desaliento,
por no haber tenido...
tiento.

Por haber apurado
al extremo
cada segundo
cada movimiento
cada acompasar el tiempo.

Agradeciendo
que una mentira
liberara
esta alma mía
que fue tuya
y hoy...
es sólo...


mía.


Tiento: M. Tacto (prudencia para proceder en un asunto delicado).

sábado, 2 de mayo de 2015

ANGELA

  

          Angela escucha  la alarma del despertador. La apaga y sigue en la cama. Despierta. En blanco. Oye sonar el teléfono a lo lejos. Nota sus mejillas húmedas y siente la soledad como un viento frío y denso que la recorre por dentro. Luego escucha el ruido de las llaves en la entrada. Pasos por el pasillo. Se abre la puerta y entra Lucía.
-          ¿Qué haces en la cama, gandula? Levántate, tenemos hora con la psiquiatra.
-          No tengo ganas – responde Angela tapándose con las sábanas.
-          A eso vamos, guapa, a conseguir que las tengas.
...
            Lucía coge el móvil.
-          Sí, máma, Angela está ahora con la doctora.
-          ...
-          Que no, mamá, que no es tan sencillo, que salir de una depresión no es cuestión de voluntad, que es una enfermedad, como la gripe.
-          ...
-          - Que sí, mamá, que si hace caso a la doctora se va a curar. Que sí.
-          ...
-          Cómo no iba a acompañar a mi prima favorita. Más aún después de lo que pasó.
-          ...
-          Que sí, mamá, que es una tragedia que se haya muerto tan de repente. Pero tiene que seguir adelante. Además, el tío Iñaki lo hubiera querido así.
-          ...
-          Mal, come mal. Está flaca.
-          ...
-          Que sí, que luego vamos a comer contigo a casa. No te preocupes, pero no le preguntes qué tal está, por favor, que se pone a llorar. Le hablaremos de cosas alegres, para que se distraiga.
-          ...
-          Sí, hasta ahora.

...

            La doctora hace anotaciones en su agenda, antes de empezar la consulta.
-          ¿Estás siguiendo mis pautas, Angela?
-          A veces sí, a veces no. No tengo ganas de nada.
-          Pero ¿quieres encontrarte mejor?
Angela dirige la mirada al techo antes de responder.
-          Mi prima y mi tía quieren que vuelva a ser la de antes, pero yo no tengo ganas de nada.
-          ¿Lo vas a intentar, aunque no tengas ganas? ¿Vas a seguir mis indicaciones?
-          Lo haré.
...

            Hubo días complicados, pero estuvimos ahí, vigilando que Angela siguiera las recomendaciones, en apariencia tan sencillas, pero tan complicadas cuando alguien enferma con una depresión: poner el despertador, ducharse por las mañanas, hacer deporte, comer bien, tomar la medicación, descansar por la noche con horarios rutinarios. Pequeñas acciones que, unidas, son como las fichas de un dominó puestas con la debida distancia para lograr que, una vez que la primera caiga, lo hagan todas las demás.
...

            VECINO DE BARANDAIN FALLECE DURANTE UNA PARTIDA DE CARTAS.
ESE – Sábado 22 de noviembre de 2013 – Actualizado a las 13h23.
BARANDAIN. El suceso ha sido muy comentado hoy en esta localidad de 8.400 habitantes, en la que la sociedad TXALUPA es muy conocida.
            El fallecimiento ha tenido lugar durante una partida de dominó en el comedor de la sociedad, en la que se iba a celebrar el cumpleaños de uno de los miembros más antiguos, M.A. Uno de sus más queridos amigos, I.S., ha sufrido un repentino ataque cardíaco, sin que nada haya podido hacerse por salvarle la vida. La ambulancia llegó con rapidez e intentó, sin éxito, reanimar a I.S. La hija del finado, se personó en el establecimiento nada más conocer la noticia, acompañada de su prima y su tía, hermana del fallecido.
            I.S., ebanista de profesión, era un hombre muy respetado en su localidad.  Su repentino deceso ha sorprendido a familiares y amigos.
“Estamos fatal. Todavía no podemos creerlo” ha manifestado un vecino de Barandain y socio de Txalupa, visiblemente afectado y con lágrimas en los ojos, “era el perejil de todas las salsas”.
...




Las fichas de dominó están sobre la mesa de madera que hiciste tú, aitá.
Las coloco con calma, una a una, procurando respetar la misma distancia entre ellas. Me han dicho que así se debe hacer.  Luego, un ligero golpecito de mis dedos tirará la primera, que golpeará la segunda, que también caerá, y así en hilera hasta el final.
El sol de la mañana entra por la ventana, a pesar de las cortinas y me recuerda que para otros, hoy es un día feliz. Para mí puede serlo también, depende de mí.
Que mi felicidad depende de mí es lo más difícil que he tenido que aprender desde que te fuiste, aitá. Estaba acostumbrada a que tú me despertaras, antes de irte a trabajar, a que me cogieras el teléfono cada vez que te llamaba y a tantas y tantas cosas que entonces no aprecié en todo lo que valían y que hoy añoro tanto. 
           
Mi depresión ha sido una partida larga pero la he ganado yo, con la ayuda de la prima Lucía y de la tía.

El llanto suavecito de Iñaki me avisa que está despierto y tiene hambre. Tiene tres meses, aitá, y se llama como tú. Me hubiera gustado que os hubiérais conocido. Antes, tú me cuidabas a mí. Ahora yo cuido de él, espero hacerlo tan bien como tú.  Hay días en que te añoro mucho. Entonces, me siento en la cocina y recuerdo los buenos momentos que pasamos juntos. Luego,  me seco las lágrimas y me sueno los mocos, y sigo adelante.  Hay muchas partidas de dominó por jugar todavía.  Gente a quienes quiero y que me quieren para poder jugarlas.  La vida sigue, me lo decías mucho y hoy, por fin, entiendo a qué te referías.

sábado, 25 de abril de 2015

DOS VECES NO SON AMOR. YO YA(S) NO


La primera bofetada me cogió por sorpresa.
La segunda ya no. 
Deseaba que no hubiera otra, pero llegó. 
Lo que sucedió es que esta vez ya no me alcanzó. 
Aunque no me tocó, me rompió el corazón. 
Me quedé en silencio y lo miré. 
Luego me marché. 
Empezó a seguirme pidiendo perdón, diciendo que la culpa era mía, y lo suyo, celos del más puro amor. 
Lo peor… 
Lo peor es que él lo creía. 
Lo mejor, que yo no.
Que yo ya no. 
Dos veces son demasiadas. 
Dos veces no son amor.
.

sábado, 18 de abril de 2015

Aliento de dragón

Construyo días iguales, calcados entre sí para ver si la pena así es menos.
Sin conseguirlo.
Los días anodinos se cuelan en mis sueños y los convierten en pesadilla.
Cuánta maldad se puede esconder en la rutina, 
rea de asesinato,
por cercenar la esperanza,
una vez y otra,
y otra más.
Ignorando que la esperanza es una hidra imbatible
que asegura con dos nuevas cabezas
aquella que le cortaron
y su corazón, es el de todo ser humano,
de bien o de mal.

Y llega por fin el día, 
en que escribo sin cuaderno,
por puro afán
de sacar 
lo que tengo adentro.
Porque ya no puedo más.
He llegado al final del laberinto.
Y la salida no está aquí.
Y hubiera debido estar.

Alguien juega conmigo
y no sé quien es.
Alguien me desafía
una y otra vez
y reemprendo el camino al revés.

Aunque el sendero se repite
yo ya no soy la misma,
nadie puede hacer
el mismo recorrido,
siendo la misma persona.
Variamos a cada momento.
porque cuando no modificamos la realidad,
es ella la que nos cambia,
cruel y juguetona,
vieja y niña a la vez.

Y yo siento, 
su aliento,
aliento de dragón.

martes, 11 de noviembre de 2014

BALDOSAS AZULES. Prólogo.

Baldosas azules. Eran azules como azul es el vestido de la muñeca de aquella canción que cantaba cuando era niña, animada por mi abuela:

- Tengo una muñeca vestida de azul, con su camisita y su canesú...

Recuerdo que después de la explosión, todos los invitados a nuestra boda huyeron, como nosotros. Yo perdí mi zapato de novia. Supongo que quedó allí, entre cristales y cascotes, supongo que sí.

Ha pasado ya mucho tiempo, jovencito. ¿Por qué ha venido a hacerme esas preguntas ahora? ¿Es que acaso a alguien le importa?

¿La memoria histórica? La memoria histérica, querrás decir.
Recordamos con subjetividad, con parcialidad. Cada bando atesora y defiende su versión.
Como si la guerra fuera un bolero. No lo es.

¿Para qué quieres saber? ¿Para alimentar el rencor y el odio? ¿Para vanagloriarte de que tus antepasados ganaron? Realmente, ¿ganó alguien?

Dicen que agua pasada no mueve molino, pero es mentira.
Un molino siempre es un molino, y mientras funcione, el agua siempre podrá moverlo.

¿Para qué quieres saber?

viernes, 10 de octubre de 2014

RITUAL

Con la yema de los dedos recorro tu piel. Tersa. Perfumada. Suave.
Mi índice se desliza por tus pequeñas curvas con calma. Estamos solos y el tiempo nos pertenece.
La ventana de la habitación está entrebierta y la brisa de finales de verano se deja sentir entre tú y yo.
Me inclino y aspiro tu esencia, embriagadora, algo agria y algo dulce a la vez.
La luz del sol de la mañana entra a raudales e ilumina las sábanas dibujando aún mejor tus contornos, el tono tostado que tanto me gusta tocar.
Escuchando el tic tac de un reloj perseverante.
Me pongo de pies.
Desnudo.
Te mueves con levedad cuando abandono el lecho.
Abro la pitillera de plata. Tabaco entre mis labios.
Me giro para buscarte. Te sonrío.
Ahí sigues.
Dormido: mi diario de hojas de papel y tapas de cuero.
Mi yo todo entero.
En el hotel Mandarín.

viernes, 3 de octubre de 2014

CÉSAR VALLEJO

Tal vez sea Patricia Vallejo

y ahora

me esté dando cuenta.

Tal vez no sea yo

sino ella.

Sino él, César.

Hermano de sufrimiento.

Padre de esperanzas.

Hijo de destino incierto.

Tal vez

deba redimir a Paco Yunque.

Y acabar con su sufrimiento

que no es sino el nuestro.

Terrible. Enorme. Inmenso.

Quiero volver la cabeza

y no puedo.

Quiero mirar a otro lado.

Impune.

Me lleva a estar aquí.

Junto a él.

A su lado.

De este lado.

Tan áspero.

Tan incómodo.

Tan cruel.

Tan necesario.

De aquí nace un diario.

Imagine

jueves, 2 de octubre de 2014

INDIVISIBLE

Tengo roto el corazón:
me pediste una elección
y elegir no es posible
entre algo indivisible.

Pedías una renuncia
a un principio por despecho.

Sumisa obediencia
al sagaz malabarista,
más no soy equilibrista.
Y caí por la pendiente
a un destino diferente.
Ironía intransigente.

INOCENTE.

¿Caí por la pendiente?
No caí, me empujaste.

Poco tengo en posesión,
nada a dividir en partes.
Sólo tengo mi conciencia.

Y mi principio,
donde iniciaste el precipicio.
¿Por qué lo hiciste?

Yo ya no sé si hoy soy
cobarde o valiente.
Si no acato tu mandato
me tachas de prepotente.

Porque tú no lo entendiste.
Y no logro hacerme oír
cayendo por la pendiente
a un destino diferente.

COHERENTE.

Todo mi ser palpita,
intranquilo, en un vilo.

Te burlaste de mí,
tú de mí te reíste,
no quisiste escucharme
resbalando en la vertiente
a un destino diferente.

RESPETANDO UN PRINCIPIO
ELIJO EL PRECIPICIO.

Tengo roto el corazón:
me pediste una elección
y elegir no es posible
entre algo indivisible.

Adiós, ¿amor?

jueves, 25 de septiembre de 2014

GOYAALÉ (uno que bosteza).

     Era de noche y hacía frío. Nevaba. Me había desmayado y había caído de la montura, una manta india. En sueños oía voces: alguien me había encontrado. Hablaban en una lengua que me resultaba familiar. 
     Cuando desperté me llevaron a una gran tienda. Los hombres discutían. Yo permanecía en el centro. De pies. Las mujeres me observaban. Una de las ancianas con especial intensidad. Pasó tiempo. A mí me pareció mucho y caí de rodillas. Uno de los hombres se dirigió hacia mí, muy enfadado. Gritaba agitando la manta de mi montura. Pronuncié "Goyaalé". Todos me miraron al unísono. La mujer mayor se acercó a mí. Repetía una y otra vez el mismo nombre: Goyaalé. Añadía frases que yo no entendía y empezó a llorar. Comprendí que era su madre. Se arrodilló frente a mí y empezó a balancearse entre sollozos. No sabía cómo consolarla, pero necesitaba hacerlo. Goyaalé lo hubiera querido así. Me quité los collares y los amuletos él me había entregado y que llevaba bajo la ropa y los puse entre sus manos. Nos miramos y nos entendimos. Descubrí mi vientre de ocho meses oculto entre capas y capas de tela. Sobre la piel, tersa y tirante, seguían dibujados los símbolos que Goyaalé me había dibujado con pintura roja antes de partir. Una lágrima tras otra caían y rodaban sobre los dibujos. No sé si eran las suyas o las mías. No entendía los símbolos, ni el idioma en el que todos hablaban. Los sonidos se volvían lejanos y confusos. La madre de Goyaalé, la abuela del bebé que llevaba en mis entrañas se volvía una imagen borrosa.

...

     La última mañana, mientras ella seguía somnolienta, él cogió la pintura roja e hizo dibujos en su vientre. La víspera, le había señalado la luna y hablado largo y tendido. Como de costumbre, a pesar de que ella no le entendía nada, había escuchado embelesada. ¿Por qué le gustaba tanto si no hablaban el mismo idioma? A veces, era ella la que hablaba sin parar. Él tampoco la comprendía pero le prestaba toda la atención del mundo. Siendo muy felices juntos. Fuera se escuchó ladrar a los perros y agitar de caballos. El la ayudó a vestirse con prisa, le puso al cuello todos sus collares y amuletos y la hizo salir de la tienda a hurtadillas. Le repetió la frase que le había dicho tantas otras veces mientras le ayudaba a subir a su caballo favorito. Besó su vientre y sus manos y se miraron por última vez. 
     Desde la lejanía, ella oyó disparos y una fina columna de humo negro se abrió paso hacia el cielo gris de un invierno que, de pronto, se anunciaba inhóspito y peligroso. Cabalgó mucho tiempo, más de un día, o quizá dos. El caballo sabía a dónde iba.
Hasta que ella, agotada, cayó de la montura. Era de noche y hacía frío. Nevaba.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

RUBÉN DE AZKÁRATE. 22/08/08

- Hoy ha sido un gran día, Filippo, me ha ocurrido algo verdaderamente fascinante.

     Rubén se sentó en el viejo butacón de cuero de su padre y sacó un Camel de la pitillera de plata. Seguía con la ropa de la calle puesta y sus ojos brillaban con ese fulgor especial. Cada vez que conquistaba a una mujer su mirada verde se volvía tan oscura que sus ojos parecían negros.

     Filippo se detuvo frente a él y lo miró desde su pecera. Boqueó.

- Siempre pienso que eres el pez rojo de color amarillo más listo que existe. ¿Quieres que te cuente lo que ha pasado hoy?

     Rubén echó la cabeza hacia atrás y se puso el cigarrillo en los labios, le dio una profunda calada y empezó a hablar:

martes, 23 de septiembre de 2014

EVAPORADA

Él la oprimió con fuerza entre sus brazos.
Ella, poco a poco, empezó a humedecerse.
Pequeñas gotitas de agua perlaron su piel y empezaron a multiplicarse hasta convertirse en agua.
En el lecho, sólo la huella de humedad quedaba como evidencia de que ella había estado allí.

En otro lugar, un él distinto dormía solo.
Una nube de vapor se deslizó bajo la puerta de la habitación y se instaló junto a él, que despertó al sentir algo mojado.
Con lentitud, el vapor se convirtió en agua y el agua se materializó en una forma de mujer que quedó seca y dormida entre otros brazos.

viernes, 19 de septiembre de 2014

ALVARO PRIEST

¿Dónde estoy? ¡Qué poca luz hay, apenas veo nada!... ¡Ah, sí! Esa es la mesita del salón, la lámpara, el mueble chino...
¡La fiesta!
Ayer celebré una fiesta para inaugurar mi pisito de soltero...
Joder, qué mal cuerpo tengo, ni me acuerdo de lo que bebí, pero qué mal...
Bueno, es domingo y no tengo prisa...
Ahorita, en cuanto coja algo de fuerzas me levanto y me arrastro hacia la ducha, o mejor a la bañera... calentita...
Creo que no me doy un baño de espuma desde que era pequeño.
¿Y ese cuadro?
No lo había visto hasta ahora. 
¿Se lo habrá dejado el anterior inquilino?
Pues le va a dar pena, porque la tía de la foto está tela de buena.
¿O es pintura? No se distingue bien desde aquí, pero a ver quién es el guapo que se levanta.
Estoy molido.
Parece Central Park, de Nueva York. La nena está de espaldas. Lleva un camisón transparente...
¡Jooodeeeerr!
¡Qué pena que no se te ve la cara!
Despiértame dentro de un par de horitas, nena.

...

Me estoy meando. 
Tal vez debería levantarme.
Bueno, voy y me vuelvo al sofá.
La compra del siglo, creo que a partir de hora voy a dormir siempre aquí.
Aquí estoy, nena.
Pero, ¿antes no estabas de espaldas?
El perfil te sienta de maravilla, tienes un cuerpo cañón. 
Hasta me parece que me miras y todo.
La verdad, nunca nadie me había mirado antes así.
Es como si te conociera.
Perooooo, si hubieras pasado por mi vida, te juro que te hubieras quedado.
No sé que me gusta más, si tu culo, tu teta de perfil o tus ojos.
¿Para qué escoger?
Si fueras mi novia lo disfrutaría todo.
Despiértame luego, preciosa.
Todos los días deberían ser domingo.

... 

Mmmmm... cada vez hay más claridad, ya debe ser mediodía...
Tendré que levantarme.
Nena, cuánto más te miro más me gustas, pero tengo que dejarte.
Voy a la ducha.
Creo que de una chica así me podría enamorar. Igual hasta me dejaba engañar para tener un par de críos y todo.
Bueno, Alvaro, ya tienes treinta y cinco tacos, igual deberías pensar en sentar la cabeza.
Igual que sería un puntazo voler a casa del curro y encontrarme con un bombón así...
que me preguntara qué tal he pasado el día y
despúes de cenar y de recoger las cosas juntos, pasar la noche en el sofá viendo una peli antigua, de ésas que sí tienen guión y diálogos buenos...
Me estoy haciendo viejo, nunca había pensado nada parecido.
Me termino de vestir y me voy corriendo a ver a mi chica.
¿De espaldas?
¿No estabas de perfil?
Joder, debo haberlo soñado, pero ya podría soñar lo mismo todas las noches.
Siento como calorcito.
Bueno, la verdad es que de espaldas sigues siendo una maravilla.
¿Y qué es? ¿foto? ¿tela?
No tengo ni idea.
Sigo cansado, creo que lo mejor será que me eche una siestecita rica, aquí, con mi nena, disfrutando las vistas de Central Park.

...

Rinnnngggg, Riiiinnnngggg

- Ya va, ya va... Despertarme a estas horas de la madrugada, hace falta valor.
- ¿Quién es?
- Perdona que te moleste- dijo una voz femenina por el telefonillo- soy la antigua inquilina del piso, ya sé que igual es mala hora, porque son las siete y media de la tarde y estarás ocupado...
- Espera que te abro el portal, sube.
- Gracias.

- ¡joder, pero si eres la chica del cuadro!
- Sí, bueno, yo venía a recogerlo, mañana salgo para Nueva York y quiero llevármelo.
- Ah, sí, claro, pasa.
- Me llamo María, encantada de conocerte.
- Yo, Alvaro. Dime, ¿cuándo vuelves?

FIN
   

lunes, 15 de septiembre de 2014

DESDE LAS MONTAÑAS DEL AUSTRAL.. (VERSIÓN ORIGINAL DE "LATIDO")

Pararon el Alfa Romeo en mitad de ningún sitio. Boss se giró y le dio las últimas instrucciones:
- Ya sabes, si quieres ser mi mano derecha, sólo te queda la última prueba: partirle la columna al puto guiri que te encontrarás caminando por el arcén dentro de un par de kilómetros. Lo tiras en la cuneta, para que les cueste encontrarlo y nos llamas al móvil para que vengamos a recogerte. Estamos hasta los cojones de que vengan de fuera a quitarnos nuestro sitio a nosotros, que hemos nacido aquí, esos hijoputas...

- Sí, brother, tú puedes hacerlo.
- Sí, tío, deja seco a ese cabrón. Tú eres uno de los nuestros.
- Estoy orgulloso de ti, tío, va a ser un flipe. Seguro que mañana hasta sales en el Diario de Navarra.
- ¿Tú lo flipas?
- Que sí, tío, que sí, que el viejo de la Jenny salió hasta en la tele cuando mató a su vieja de una paliza.
- Un flipe, chaval, un flipe.
- Nos vemos, tíos.

Todos hicieron la señal, puño derecho al corazón, mano a los huevos y puño al frente. Sonreían. Habían encontrado un lugar común. Un porqué en sus vidas. Pertenecían a un grupo. Si era de gente buena o mala no importaba. Sólo cuenta no estar solo.

Raúl bajó del coche. En medio de gritos y acelerones, ellos arrancaron y desaparecieron. Cruzó la carretera y empezó a caminar. Quería terminar lo antes posible, algo no iba... la sonrisa torcida del Boss... se estaba relamiendo el cabrón.

A lo lejos una sombra se acercaba, de espaldas al sol del atardecer: su pasaporte a ser lugarteniente del Boss. "Pártele la espalda y serás mi mano derecha". Recuerda otra voz, que suena en su interior:

- ¿Qué pasa, chaval? ¿Piensas que sólo porque te han jodido a ti, tienes derecho a ir por ahí, jodiendo a los demás?

Raúl cerró los ojos y escuchó el sonido del latido de su propio corazón.

___________

Raúl y Él estaban sentados en el patio del reformatorio, como tantos otros días. Sólo que esa vez era distinta porque era el último día. Raúl acarició el hormigón y arrancó unas hierbitas antes de decir con voz ronca:
- Te voy a echar de menos. Tú eres la única persona que me ha tratado con respeto.

Él miró el cielo azul. Escuchó la respiración de su amigo. Se miró los brazos curtidos por el trabajo.
- Mañana mismo vuelvo a mi país pero no te voy a olvidar. Te doy mi palabra.

Raúl cogió aire como si estuviera dando una calada a un cigarrillo imaginario y suspiró sin querer hacerlo.
- No sé que voy a hacer sin ti, tío.

Él desplazó su brazo hacia la izquierda hasta notar el contacto de Raúl en su brazo. Sintió su sudor frío. Percibió su miedo.
- Esfuérzate por mantenerte alejado del Boss, de la mala hierba. Busca tierra fértil.

Raúl absorbió el calor, el valor que emanaba del brazo de su amigo.
- No voy a poder, tío, no lo lograré.
- Confía en ti. Y sobrevive.

Una nube cubrió el sol y un viento del oeste barrió el patio, llevándose oscuros pensamientos.
- ¿Hoy no has tenido pesadillas, verdad?
- No. He soñado que mi hermano me sonreía. Y desaparecía.
- Tus pesadillas han terminado, tío.
- Ahora tú eres mi hermano.

__________

Un día de tantos, sentados en el patio, la espalda contra el muro de hormigón, Raúl le preguntó:
- ¿Por qué no le dijiste al juez que tú no habías robado nada? Ni la moto, ni los móviles, ni nada.
- Mi padre no querría vivir si supiera que mi hermano murió sin honor. Teníamos puestas en él todas nuestras esperanzas. El se quedó en nuestro país y vinimos con mi tío. Los dos trabajábamos en la obra para que él pudiera estudiar en el instituto. Hubiera sido un gran médico.
- Pero tu hermano era un imbécil como yo, que sólo pensaba en robar para tener pelas y comprar móviles, ropa de marca, costo... no se merece tu sacrificio.

Ël carraspeó como si quisiera reprimir un rugido.
- Es una cuestión de honor. Yo estoy vivo. Puedo recuperarlo. Mi hermano no puede. Ya no.
- ¿Tu padre te seguirá queriendo cuando salgas de este sitio?

Un brisa levantó una polvareda amarilla, arenosa.
- Si conocieras a mi padre... es como el viento del sur cuando llega desde las montañas. Te envuelve. Te arropa. Te da fuerzas.
- ¡Qué suerte, tío! Mi viejo es un cabrón que me ha tratado siempre como a un perro.

El tiempo se deslizó por los rincones. Los otros jugaban al baloncesto. Gritaban. Reían. Discutían. Se pegaban. Él habló:
- Mi padre siempre me dice que todos somos iguales. Si cierras los ojos, descubre que el color de piel, la raza o la religión no cambian el sonido del latido del corazón. Todos los corazones laten con el mismo ritmo. Todos tenemos corazón.
- ¡Qué suerte tienes, tío!

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Raúl mira a lo lejos. Por la cuneta de la carretera, en su mismo arcén, alguien se acerca en sentido contrario. De golpe, recuerda:

Estaban en el patio, sentados con las espaldas apoyadas en el muro de hormigón.
- Nunca me has contado qué le pasó a tu hermano.
- En el desayuno me pidió que le hiciera un favor. Le dejaban unos libros para el trabajo de ciencias. Iban a pesar mucho. Necesitaba que alguien condujera la moto. Le dije que sí. Aparecí a las seis. Fuimos al centro comercial. Yo me quedé fuera esperando. Salió corriendo con una mochila en la mano. Perseguido por el dueño de la tienda de móviles. Se montó en la moto. La puse en marcha. Me latía la cabeza. Yo gritaba. Él gritaba. El camión bocinaba. Luego todo era rojo. La mochila. Los móviles. La moto. Mi hermano. Todo roto. Todo rojo. Yo entero, con la cáscara completa. Vacío por dentro. Sólo un sonido. Sólo un latido. Mi latido.

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La primera vez que Raúl le vio, Ël estaba en el patio, soportando todo el muro con su espalda, como si pudiera sostener el mundo él solo. Se acercó a Él y le escupió las palabras tan bien conocidas, tantas veces oídas, tantas repetidas:
- Ese sitio es mío, cabrón. Levanta y aparta. Estoy hasta los cojones de que vengáis de fuera a quitarnos nuestro sitio a nosotros, que hemos nacido aquí. ¡Hijoputa!

Ël se levantó y Raúl le empujó. Algo pasó. De pronto estaba contra la pared, sin que sus pies tocaran el suelo, con dos garras presionando su cuello, ahogándole.
- ¿Qué pasa, chaval? ¿Piensas que sólo porque te han jodido a ti, tienes derecho a ir por ahí jodiendo a los demás?

Raúl emitía un débil sonido. Se ahogaba. Él lo soltó.
- Siéntate.

Se sentaron. Sin tocarse. Sin hablarse. Cada uno escuchaba el sonido de su propio corazón. En sincronía.

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Último día de cosecha. Él volvía a casa. Ahora estaban a unos metros. Habían pasado casi diez años pero apenas habían cambiado. Él sonrió a Raúl:
- ¿Qué pasa, chaval? ¿Piensas que sólo porque te han jodido a ti, tienes derecho a ir por ahí jodiendo a los demás?

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- ¿Y que pasó entonces, abuelo?

El anciano los mira y calla. Les acaricia por turnos la cabeza con esas manos tan curtidas por el trabajo.
- Dinos, abuelo, ¿qué pasó?
- Contestadme a esta pregunta: ¿de qué color es el latido de un corazón?

El más pequeño habla:
- Abuelo, tú sabes que los sonidos no tienen color.
- Los amigos tampoco.


        FIN