Construyo días iguales, calcados entre sí para ver si la pena así es menos.
Sin conseguirlo.
Los días anodinos se cuelan en mis sueños y los convierten en pesadilla.
Cuánta maldad se puede esconder en la rutina,
rea de asesinato,
por cercenar la esperanza,
una vez y otra,
y otra más.
Ignorando que la esperanza es una hidra imbatible
que asegura con dos nuevas cabezas
aquella que le cortaron
y su corazón, es el de todo ser humano,
de bien o de mal.
Y llega por fin el día,
en que escribo sin cuaderno,
por puro afán
de sacar
lo que tengo adentro.
Porque ya no puedo más.
He llegado al final del laberinto.
Y la salida no está aquí.
Y hubiera debido estar.
Alguien juega conmigo
y no sé quien es.
Alguien me desafía
una y otra vez
y reemprendo el camino al revés.
Aunque el sendero se repite
yo ya no soy la misma,
nadie puede hacer
el mismo recorrido,
siendo la misma persona.
Variamos a cada momento.
porque cuando no modificamos la realidad,
es ella la que nos cambia,
cruel y juguetona,
vieja y niña a la vez.
Y yo siento,
su aliento,
aliento de dragón.
El pasado ya no está, el futuro aún no existe, el presente es lo único que tenemos.
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sábado, 18 de abril de 2015
martes, 5 de noviembre de 2013
LA PRINCESA PIENSA.
La princesa piensa. ¿Qué pensará la princesa? No hay suspiros que se escapen de su boca de fresa... porque la princesa piensa. Tiene ganas de recibir una sorpresa.
Deambula por la estancia sin añoranza. Observa sus trofeos. Hoy le resultan feos. Fútiles recuerdos de amores que fingieron ser eternos. En realidad eran apariencia de seres sin conciencia.
Príncipes que decían lo que no hacían, que escribían lo que no sentían. Príncipes que mentían. Que pedían salvación sólo a cambio de su rendición.
La princesa los salvó. A todos. Uno por uno. Del león, de la bruja, del dragón y de la hidra. No se rindió. Y a todos los rechazó. Cansada de seres dependientes que fingen sentir amores ardientes y creen ser valientes.
Así que cogió los trofeos: el de la hidra, el del dragón, el de la bruja y el del león. Abrió la ventana y los lanzó. Luego sonrió. Y se dirigió al salón.
Abrió el periódico y leyó:
Princesa soltera busca príncipe azul que sepa salvarse solito.
El teléfono sonó. Sonriendo respondió...
Publicado en "Más cuentos para sonreír" Editorial Hipálage 2009.
www.hipalage.com
Deambula por la estancia sin añoranza. Observa sus trofeos. Hoy le resultan feos. Fútiles recuerdos de amores que fingieron ser eternos. En realidad eran apariencia de seres sin conciencia.
Príncipes que decían lo que no hacían, que escribían lo que no sentían. Príncipes que mentían. Que pedían salvación sólo a cambio de su rendición.
La princesa los salvó. A todos. Uno por uno. Del león, de la bruja, del dragón y de la hidra. No se rindió. Y a todos los rechazó. Cansada de seres dependientes que fingen sentir amores ardientes y creen ser valientes.
Así que cogió los trofeos: el de la hidra, el del dragón, el de la bruja y el del león. Abrió la ventana y los lanzó. Luego sonrió. Y se dirigió al salón.
Abrió el periódico y leyó:
Princesa soltera busca príncipe azul que sepa salvarse solito.
El teléfono sonó. Sonriendo respondió...
Publicado en "Más cuentos para sonreír" Editorial Hipálage 2009.
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